Aquí vamos, unas horas más y estaremos al otro lado del océano, en México. En la entrada de la casa permanecerá unos días más, un enorme saco, con su gran boca abierta lista para recibir de día y de noche lo necesario para esta nueva aventura. Antes de salir, siempre se tiene la sensación de olvidar algo, pero nunca se sabe qué es. Escribí "día y noche", porque en la noche se reordenan los pensamientos y la mente repasa la lista de cosas para llevar, es como contar ovejas para dormirse. Y estás allí, con los ojos abiertos, mirando el techo, listo para saltar de la cama y poner más comida en la boca de tu equipaje.
Hay dos tipos de viajeros: Los que cargan la mitad de su casa, aunque sólo salgan por un fin de semana y aquellos minimalistas, quienes llevan a cuestas lo esencial esencial para mentalidad. Nosotros estamos en medio, atrapados entre dos fuegos: el de identificar todo lo necesario para una expedición de un mes en el bosque (que no es como pasar unas vacaciones en una ciudad cultural), y el de enfrentarnos a las compañías aéreas que limitan el peso del equipaje a unos pocos kilogramos. Al final se encuentra el justo medio, optando por comprar en el lugar todas esas cosas que con seguridad se pueden dejar en casa.
Saliendo desde Roma a Madrid, y desde allí, después de un vuelo transatlántico de diez horas estaremos aterrizando en la ciudad de México. Un último vuelo a Tuxtla Gutiérrez, capital de Chiapas, y eso es todo.
Siempre es extraño llegar a la ciudad de México; prácticamente, antes de aterrizar, se vuela sobre la ciudad a baja altura durante unos diez minutos, a veces se puede echar un vistazo de la gente dentro de las casas. Y si llegas por la noche, el resplandor de la gran metrópoli se puede ver a kilómetros y kilómetros de distancia. Por suerte en El Monstruo, así la llaman los mexicanos, estaremos poco tiempo, debido a la ansiedad por explorar el "mar verde" de la selva El Ocote.
¿Nuestro programa? Explorar la selva contigua a Bochil, una colonia rodeada de vegetación. También tenemos una meta, llegar a un gran sótano (hundimiento) identificado a partir de fotografías aéreas en medio de la selva; será duro, pero lo haremos. Bien, mientras tanto, nuestros amigos Gianni, Paolo y Lucas, quienes se anticiparon algunos días para organizar nuestro itinerario en los territorios de las colonias (las aldeas en el orilla de la selva), nos aguardarán en el aeropuerto de Tuxtla, luego haremos un viaje de ochenta kilómetros en la parte trasera de una pick-up, (aquí es costumbre viajar así) hasta Cintalapa, donde se encuentra nuestro almacén de materiales. Al día siguiente, cargados los materiales y suministros, dejaremos Bochil y las selvas de Veinte Casas y El Ocote, para ser absorbidos por el verde.
Pero no se preocupen, trataremos de dar noticias. Mientras tanto, seguiremos con el corazón.
Batmé! (adiós en idioma tzotzil).
Francesco (Ciccio) Lo Mastro
Recordemos que esta expedición ha sido posible gracias al patrocinio de nuestros amigos: Intermatica (telefonía por satélite), Ferrino (materiales al aire libre), Dolomite (calzados para trekking y montaña), Scurion (lámparas led), Amphibious (bolsas secas), y una contribución en el material para Mountain House (alimentos liofilizados para practicar senderismo y para ambientes extremos) y TTM Mobile (telefonía - outlimits línea).
